He sido un ávido estudiante de la historia durante toda mi vida. Desde que tengo uso de razón, mis libros favoritos siempre han sido los de historia.
La gran mayoría de las vacaciones de mi familia fueron a los sitios de importancia histórica, y todos mis grandes éxitos académicos son producto de estudiar la historia. Como estudiante en Notre Dame, incluso elegí la historia como mi especialización de pregrado a pesar de no saber qué tipo de trabajo podría conseguir.
Desde mi entrada a la formación en Santa Cruz, mis superiores y compañeros siempre han alentado y apoyado mi deseo de continuar estudios superiores en la historia estadounidense. Hace poco me gradué en la Catholic University of America, con un Master de Artes en Historia, y en Agosto iré a Nueva York para comenzar estudios de Doctorado en historia en la Universidad de Columbia.
Voy a estar siguiendo los pasos de algunos de los grandes sacerdotes-sabios de la Santa Cruz. Padre Thomas T. McAvoy, CSC, estudió en Columbia y se convirtió en un pionero en el campo de la historia americana católica. Más recientemente, el Padre Thomas Blantz, CSC, logró su doctorado en Columbia y sigue siendo un querido profesor de historia en Notre Dame.
Mi trabajo de investigación se centra en la religión del Siglo XX y en la política norteamericana, con una mirada hacia la comprensión de cómo los católicos en los Estados Unidos han dado forma – y han sido formados por – el panorama jurídico y político de la nación. Para ser honesto, esta no siempre es una historia agradable de contar. A lo largo de la historia de los Estados Unidos, los católicos han sido a menudo las víctimas de los prejuicios, e incluso los fieles católicos de hoy, todavía tienen que luchar por preservar su derecho a la libertad religiosa.
Sin embargo, me parece que el estudio de la historia de la Iglesia en los Estados Unidos es un complemento perfecto para mi ministerio sacerdotal. En mi predicación y el ministerio sacramental tengo el privilegio de proclamar la historia de la vida de Jesús, su muerte y resurrección, y de invitar a los bautizados a una participación más profunda en la vida de Cristo.
De igual manera, como estudiante y profesor de historia católica americana, soy capaz de contar las increíbles historias de cómo nuestros antepasados plantaron y alimentaron la Iglesia en esta tierra. Espero que, al hacerlo, también pueda inspirar a los fieles católicos de hoy para hacer, con valentía, su contribución a nuestro país.
En última instancia, todo este estudio de la historia me ha llevado a dos importantes lecciones. La primera lección es que nos desengaña de la noción egoísta de que vivimos en una era completamente única. Supongo que es simple naturaleza humana pensar que no hay pueblo, nación o cultura, que haya vivido antes como nosotros vivimos. O bien imaginan que nadie ha tenido algo mejor que nosotros, gracias a nuestra ciencia y tecnología, o que nadie ha tenido que enfrentar las luchas y desafíos que enfrentamos en la era moderna.
Aunque sin duda hay algo de verdad en la singularidad de cada tiempo y lugar, hay quizás una verdad mucho mayor en los viejos aforimos “más cambian las cosas, más permanecen iguales”, y “no hay nada nuevo bajo el sol” (Eclesiastés 1:9).
Aunque resultan preocupantes las luchas que la Iglesia enfrenta hoy en día – incluyendo ataques a la libertad religiosa en el país e incluso el martirio de muchos de nuestros hermanos y hermanas en África, Asia y el Medio Oriente – esto no es, de hecho, nada que la Iglesia no haya superado ya en todo tiempo y lugar desde la época de nuestro Señor!
Lo que nos lleva a la segunda lección, y la más importante. Para las personas de fe, toda la historia – incluso las partes más oscuras – confirma la promesa de nuestro Señor, “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20) y su seguridad de que “las puertas del infierno no prevalecerán contra la Iglesia” (Mateo 16:19).
Estudiar la historia, es, desenvolver el misterio hermoso de nuestra salvación y buscar la presencia del Lord en nuestro tiempo y la cultura. Como sacerdote y estudioso, veo el estudio de la historia como un medio para proclamar con fe y alegría la hermosa oración que decimos cada año durante la gran Vigilia Pascual: “Cristo ayer y hoy, el Principio y el Fin, el Alfa y la Omega. Todo el tiempo le pertenece a él, y todas la eras. A Él sea la gloria y el poder a través de todas las eras y para siempre. ¡Amén!”
P. Stephen Koeth, CSC, profesó los votos perpetuos en la Congregación de Santa Cruz el 26 de agosto de 2006 y fue ordenado sacerdote el 14 de abril de 2007.Él escribe acerca de su vocación al sacerdocio. En el otoño continuará sus estudios de postgrado en historia al inscribirse en el Programa de Doctorado en la Universidad de Columbia. Él es uno de más de una docena de sacerdotes de Santa Cruz en las provincias de Estados Unidos y que llevan grados avanzados para servir mejor a los educadores en la fe.
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