Como “educadores en la fe” y con una opción preferencial por los pobres, vivimos y servimos en comunidad en los sectores populares urbanos, donde proclamamos con nuestras palabras y nuestra vida común la verdad del Evangelio de Jesucristo.
Realizamos nuestra vocación como discípulos y misioneros de Jesucristo en la pastoral parroquial, la educación formal, la salud integral, la promoción de las personas con discapacidades y la pastoral familiar en sus varias expresiones.
A la vez, colaboramos con otras instituciones de la Iglesia y de la sociedad, para atender a las necesidades cotidianas de la gente y velar por estructuras más humanas.
En todo nuestro ministerio apostólico está presente nuestra preocupación por la familia.
De la fuente de nuestros talentos particulares y la riqueza del carisma de la Congregación, aportamos el celo apostólico, la confianza en la Divina Providencia, la capacidad de análisis social y la colaboración de nuestros apostolados como servicio a la Iglesia parroquial, diocesano y universal.
